Caricias que no vienen a ocupar mi piel de incógnito, invadiendo mi territorio; no hay manos que me recorran el cuello, y bajen por mi espalda. Todo lo que queda es un vacío que me duele en todo el cuerpo, y solo se oye el grito sordo de mi piel, que llora la soledad de quien se queda sin amor.
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