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lunes, 2 de agosto de 2010

Possente spirto

Mi abuelo me hizo descubrir la ópera, hace muchos años. Y ahora quiero dedicarle mi aria favorita, de la que se ha convertido en la ópera que más me gusta: L'Orfeo, de Claudio Monteverdi. Para ti, abuelo, por todo lo que me has enseñado.

viernes, 30 de julio de 2010

Búsqueda (poema)

tunel Pictures, Images and Photos

No quiero que estés sola,
en el yermo
que no tiene fin ni retorno.
Cerré la puerta
y solo la abrí
cuando ya era tarde;
busco señales de ti,
le pregunto al viento
y a las estrellas
a dónde va el alma,
cuando morimos.
No he de buscarte
en tu eterno encierro,
pues solo queda una sombra,
la carne y los huesos
de quien un día caminó y amó...
¿Dónde estás ahora?
Tal vez eres parte del aire,
o esa luz que entra por la ventana,
cuando amanece.
Puede que me contemples,
desde algún lugar,
y sepas cuánto dolor siento;
recupero los recuerdos
que yo misma me negué,
vuelvo a ver tu rostro
y regreso a mi infancia,
a la tierra donde tú siempre me quisiste.
Ya no puedo escucharte,
y cuánto me gustaría...

miércoles, 28 de julio de 2010

Caricias invisibles (poema)




El aire gira y se arremolina;
ella juega con lo invisible,
siente la caricia en sus cabellos.
Una música suena a lo lejos,
como el susurro de los árboles;
sus hojas mueren en los brazos del viento.
Ella sueña despierta,
esperando verle a él,
deseando ver su rostro amado;
bailando con el viento
imagina que está con él,
que sus manos son reales,
manos que acarician,
que juegan con su pelo.
Desea sentir su aliento,
escuchar su voz clara,

Sueña con abrazarle a él,
y no al viento.

lunes, 26 de julio de 2010

Viaje (microrrelato)



"Has venido a mí, a recoger mi alma, como es tu cometido, mi señor, Cuervo, que rescatas el espíritu de cuantos han abandonado el mundo de los vivos. Y ahora me iré, custodiada por ti, bajo el cobijo de tus alas negras, a donde ningún ser humano puede viajar..."

sábado, 24 de julio de 2010

Junto a los ríos de Babilonia



La voz hermosa de una mujer, Ofra Haza, que murió en el año 2000, siendo muy joven. Para ella, que en esta canción describe las bellezas de Jerusalén, Yerushalaim Shel Zahav (Jerusalén de oro), este salmo que recuerda el exilio de los judíos en Babilonia y su nostalgia de Jerusalén.


Junto a los ríos de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.


Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión».


¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;


que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.




Salmo 136

jueves, 22 de julio de 2010

Cielo (poema)



La brisa de la noche acaricia su rostro;

sus ojos parecen profundos y tranquilos,

aunque esconden todo un mundo tras sus pupilas.

Un mundo que solo le pertenece a él,

que es inalcanzable,

como lo es un suspiro.

Aferrarse a su cuello es imposible;

pues nunca nadie ha logrado jamás

atrapar lo que es infinito.

miércoles, 21 de julio de 2010

Una reflexión (microrrelato)




Las montañas iban formando un paisaje de dioses altivos, sentados en sus tronos, bajo un cielo azul. El coche recorría la serpenteante carretera que ascendía hasta el pueblo más alto, aquel en el que las nubes quedaban siempre por debajo, ocultando el valle, en las tardes de otoño. Las cumbres aparecían y desparecían al son de la música que sonaba en el cd y a lo lejos, un águila planeaba en el cielo, como protegiendo el valle.

La pareja se detuvo junto a un mirador que había servido durante muchos años para que todos los viajeros que pasaban por allí contemplaran el pueblo y el pantano, diminutos; la torre de la iglesia apenas se levantaba del suelo, y la casa del siglo XV, que exhibían orgullosos los vecinos, parecía una mota de polvo, desde esa altura.

Pero ahí estaban las montañas, acariciando el cielo, desde tiempos inmemoriales y la brisa acariciaba los rostros de la pareja, que sonreía, ajenos los dos a lo que no perteneciera a ese paisaje, sin pensar en lo cotidiano, sin querer recordar las cosas que les separaban. No podían pensar, ¿o sí? Quizá no querían escuchar sus propios pensamientos, y los ensordecían con los sonidos de los pájaros. Y aquella fue la última vez que vieron juntos ese valle rodeado de gigantes de piedras escarpadas.