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lunes, 18 de junio de 2012

Deteniendo el tiempo (Relato)


"Silencio, chicos, ¿no veis que estoy trabajando?" Decía mi madre, cosiendo bajo una débil luz, un vestido que entregaría a una marquesa, clienta suya. Se pasaba días enteros trabajando, dejándose los ojos en aquellas telas delicadas. Mis hermanos y yo estábamos corriendo por el pasillo, peleándonos; no nos dábamos cuenta de sus esfuerzos. Ahora, muchos años después, me parece verla, con sus manos menudas enhebrando las agujas y marcando la tela con su jaboncillo, antes de cortar los patrones de lo que sería un vestido para un baile de una mujer con mejor posición social. Yo la contemplaba, bebiéndome la leche de la merienda y ella levantaba a veces la vista y me sonreía. Ese rostro, cansado pero entrañable se me quedó grabado en la memoria. Sus mejillas no estaban sonrosadas y las ojeras enmarcaban su mirada, pero siempre que me escuchaba cantar, durante las misas, me sonreía desde su banco. En esos momentos parecían borrarse las travesuras que había cometido con mis hermanos. Mi madre era menuda y aparentemente delicada; caminaba con gracia y siempre mantenía su peinado y su vestido impolutos. Sí, me parece volver a verla, sentada en la cocina, cosiendo junto a su hermana y desearía detener el tiempo en ese momento, por una vez. 


Noemí Valle. 
Mi homenaje a mi abuelo y a mi bisabuela Pilar.

1 comentario:

Thorongil Gilraenion dijo...

Tal vez valga la pena comentar que para mí el breve texto posee una carga de magia tan impalpable como el polvo que vuelve visible la luz a través de una ventana. No tengo recuerdos que se asemejen, ni comparaciones posibles,pero veo el polvo de la magia.