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domingo, 13 de diciembre de 2009

Un relato que no tiene final... todavía. Pero ya se va acercando. (2ª parte)

-Ven, no tengas miedo- dijo la anciana, haciéndole señas con las manos, desde el porche de la casa.

Ella vaciló, con temor. ¿Debía fiarse de una desconocida? Pero no tenía muchas alternativas. Se había perdido, no encontraba el camino de vuelta al pueblo y se hacía de noche. ¿Acaso no era peor vagar por un páramo en plena oscuridad, a merced de cualquier peligro, pasando frío? Finalmente corrió hacia la anciana, que ya tenía al perro a su lado y le acariciaba la cabeza, mientras este movía el rabo y contemplaba a la joven mansamente.

-¿Te has perdido, querida?- Preguntó la mujer, que era mayor, pero de cerca no parecía tan anciana.
-Sí, estaba en el bosque y cuando quise buscar el camino de regreso, no fui capaz de encontrarlo, hasta que vi esta casa, en el páramo, y pensé que alguien podía ayudarme.
-Ven, entra, estás temblando de frío, y ya es tarde, esta noche dormirás aquí, y mañana te acompañaré hasta la entrada del pueblo.

La joven se sintió algo asustada, pero no pudo decir que no; la oscuridad había ocultado las montañas y el bosque casi completamente, y la luna jugaba al escondite con las nubes que cuajaban el cielo. No, no era sensato caminar por ahí sola a esas horas, y la mujer parecía buena persona.

-Muchas gracias por su ayuda, no sabía ya qué hacer- dijo ella, entrando a la casa, seguida por la mujer, que cerró la puerta tras de sí.

Había un vestíbulo pequeño , con un perchero y un espejo, que conducía directamente a una estancia amplia con una chimenea y unos muebles de madera rústica, y un ventanal decorado con unas macetas con flores. En un rincón había una mesa con unos marcos de fotos en blanco y negro y un trozo de tela en el que la mujer estaba bordando.

El perro se tumbó frente a la chimenea y reposó la cabeza sobre sus patas delanteras, mientras su ama invitaba a sentarse a la joven en una silla con un cojín mullido en el respaldo. Ella agradeció la sensación de calidez de la estancia y la amabilidad de la dueña de la casa y se relajó un poco. No parecía que pudiera ocurrir nada malo allí. Al contrario, todo era acogedor.

La mujer le ofreció un tazón de leche y después se sentó en una mecedora, cerca de la chimenea. Hablaron de cómo la chica había llegado hacía pocos días al pueblo, y había querido pasear por el bosque. "Ha sido una imprudencia", dijo ella. "Todos estarán preocupados por mí." "Bueno, querida, es normal, pero ahora no podemos ir hasta allí, estamos un poco lejos y apenas se ve, pero mañana volverás sana y salva."


fuego de chimenea Pictures, Images and Photos


Continuará...

5 comentarios:

Ħαррy єyєs dijo...

Me gusta, y el final transmite un olor delicioso a leche caliente y leña

Fernando dijo...

Mmmmm... ¡Que interesante se está poniendo! Me estoy imaginando varios finales, a ver si acierto.
Prometedor.

Millones de besos, princesa.

PEMM dijo...

Yo espero el final, para ver qué es lo que ocurre.
Besos.

Una senderista. dijo...

Como se nota que le estás cogiendo el gusto a este relato, este capítulo es más largo y descriptivo.

Anónimo dijo...

Quiero el desenlace ya!! me muero por saber que pasa despues! Fdo. Luces y Sombras