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jueves, 12 de agosto de 2021

En pie (reflexiones)





Una vez más, me asalta la melancolía; se convierte en mi piel y en mi esqueleto, uniéndose a cada célula, como ese parásito que lo devora todo... Porque soy tan distinta, que a veces me cuesta caminar y apoyarme en mis ideas, en mi yo. No es fácil escapar de la corriente, en lugar de dejarse arrastrar, cuando en realidad anhelas la calma en la que nunca has vivido. Ser yo misma, a pesar de la melancolía, a pesar de las luchas, es lo único que sé hacer, aunque eso me lleve a tropezar una y otra vez. La piel que me cobija es frágil, pero mis huesos me mantienen en pie. 







Amalia N. Sánchez

miércoles, 21 de abril de 2021

La sonrisa de la luna (prosa poética)

 


 



La luna me sonríe, en una noche sin nubes, mientras me lee el pensamiento y me escucha cantar, en voz queda. Mi sombra me acompaña, junto a las farolas, proyectándose en el muro del colegio, en los adoquines y en las escaleras, convertida en mi otro yo silente, que baila con la luz y me sigue, caprichosa, a donde quiera que voy, pegada a mis zapatos, con los mismos rizos, sintiéndose libre, a pesar de todo, pues la noche es su territorio. 

Mi sombra y la luna me siguen y saben lo que pienso; conocen mis sueños y mis desvelos, saben que no soy la misma, con las cicatrices de un año de pandemia. No me queda más que amargura por los sueños perdidos, e incertidumbre...

La brisa fría de la noche acaricia mi rostro, con manos invisibles; respiro hondo y continúo caminando, contemplando la sonrisa de la luna, en lo alto. Parece decirme "aquí estoy, para embrujarte, para hacerte soñar y que sigas buscando historias, personajes a los que dar vida, canciones que cantar en voz alta, o para susurrarlas..." 



Amalia N. Sánchez


lunes, 8 de febrero de 2021

Relajación (microrrelato)

 




Cerró los ojos y trató de respirar hondo; sintió el movimiento cadencioso del aire entrando hasta el vientre, pasando por los pulmones, y saliendo, despacio. Le habían dicho que dejara la mente en blanco, pero ella solo contemplaba oscuridad, bajo sus párpados. Las tensiones se agolpaban en su nuca; desde allí, un dolor recorría el cráneo. Era como escuchar un grito interior, que le recordaba lo difícil que había sido el día; una sucesión de inseguridades, que ya tendrían que haber desaparecido, a esas alturas de su vida. Casi podía verse desde fuera, con los brazos extendidos a los lados del cuerpo, el rostro contraído en una mueca de dolor y su pecho agitado por la respiración. Pero eso no era lo que quería; deseaba descansar su mente, dejar de lado la frustración y la sensación de vivir en una isla. Decidió concentrarse en el sonido de respiración, como si de una especie de mantra se tratara, mientras su pecho subía y bajaba, subía y bajaba... Necesitaba dejar atrás la tempestad, las mareas en las que se perdía la paz de su espíritu, las soledades; necesitaba dejar de escuchar su yo interior, silenciar sus frustraciones y caer en los brazos del sueño. Ni las preocupaciones del trabajo, ni las relaciones complicadas del día a día. Mientras, sus miembros pesaban cada vez más, como sus párpados y los músculos del rostro se aflojaban. Silencio. Solo debía respirar, desterrando las imágenes que pasaban por su mente; una ventana, un árbol, el vagón del metro, una carpeta llena de papeles, unas manos, alguien caminando. Fuera, fuera todo de su mente. Sin tensiones, sin dolor, sin miedos... Ya no era esa niña tímida y asustada. Nada debía entrar en su mente, ni los recuerdos, ni las sensaciones de antaño. Solo tenía cabida la paz...




Amalia Noemí

sábado, 23 de enero de 2021

Burbuja del tiempo


Mientras camino, mis pasos resuenan sobre los adoquines cubiertos de los restos de nieve y hielo. Intento resolver mis dilemas, en un mundo gris que ha cambiado mi día a día, robándome los momentos que ya no han de volver... Recuerdo cómo era sentir el aire en el rostro, sin la mascarilla y reconocer las sonrisas. Intuía que esa sonrisa escondía un secreto, una noticia, tal vez la evocación de un beso; y cómo echo de menos contemplar las expresiones que ahora se esconden, donde ya solo queda la mirada para decirlo todo. 

Intento desentrañar el misterio de ese hombre que pasea a su perro, bajo la llovizna de una mañana de enero, mientras escucho, a lo lejos, el tráfico. Puede que esté pensando que, por mucho que cambie nuestro día a día, por la pandemia, él seguirá saliendo a caminar con su mejor amigo y esa será su constante, por mucho que pasen las estaciones. O puede que solo esté pensando en la lluvia que todavía no es tan espesa para abrir el paraguas, pero suficiente para sentirla acariciando su rostro. Me lo pregunto y no sé si está sonriendo, a pesar de lo desapacible de la mañana o su pensamiento le aleja de los edificios y de la nieve, que apenas se ha disuelto... 

Hace frío y todo está gris, pero yo sigo encontrando encanto en esas calles, que suelo recorrer con una cámara en la mano; busco atrapar un instante en una foto para jugar a adivinar qué piensa esa otra mujer que camina un poco más adelante o para recordar una experiencia ya vivida. Tal vez es eso lo que busco, a veces, cuando fotografío un paisaje, un edificio histórico... Revivir y conservar en una burbuja los sentimientos. Ahí estoy yo, pensando en cómo recomponer los sueños que se han quedado suspendidos en el tiempo, mientras dure la pandemia; me pregunto cómo nos sentiremos todos, cómo me sentiré yo, cómo será recobrar los abrazos. 

Mientras, la ciudad sigue ahí, con las pinceladas grises, a lo lejos, de edificios que esperan volver a llenarse, algún día. Hoy llueve, puede que mañana salga el sol y las ventanas brillen, como faros en medio del asfalto. Mi cámara captará una estatua, un edificio, un paseante que seguirá siendo un misterio para mí. Yo, con mi mente de escritora, le imaginaré una vida entera.  





Amalia N. Sánchez Valle

miércoles, 12 de junio de 2019

Sueños (Reflexiones de una noche de junio)



Cierra los ojos por un momento y trata de asirte a los sueños, pensando en que la vida solo dura un suspiro... Ese anhelo que observas, como una estrella lejana que titila más que las demás, es lo que te hace levantarte cada día, lo que te inspira; te hace ser quien eres, más que el adn y los apellidos. Es tu yo, tu verdadero yo, que te convierte en un ser único. Esa estrella, tan lejos y tan cerca, esa luz que titila, ese sueño que te inspira a dejarte las pestañas delante de un ordenador, en una oficina, o en túnel, cada mañana, te define más que nada... Te dejas guiar por la música que solo tú puedes escuchar, porque es tu sueño, solo tuyo. Es un rostro amado, un bosque, un palacio o un viaje a la luna, pero es tu verdadera esencia, porque son los sueños quienes realmente nos definen. A veces inalcanzables, pero siempre tan bellos...


Amalia N. Sánchez 

domingo, 29 de julio de 2018

Alma de ruiseñor (reflexiones)

 














Después del ensayo me gustaba pasear por Ópera y encaminar mis pasos al lugar donde mi abuelo iba a tomar clases de canto. Para mi era un ritual, desde el primer día que me uní al coro. Me he imaginado a mi abuelo orgulloso de mí, escuchándome desde donde esté, que no puede ser otro lugar que el cielo; era el hombre más cariñoso y sensible que he conocido, y su voz de barítono todavía suena en mi memoria... Después de bajar la Cuesta de Santo Domingo, llegué hasta la Plaza de Isabel II y contemplé el Teatro Real; él me llevó a mi primer concierto. Aquella fue una experiencia preciosa. Empecé a callejear y pensé en lo mucho que se puede estar unido a alguien, a pesar de haberlo perdido. Está en los recuerdos, en quienes somos ahora... Gracias por enseñarme tanto sobre la música, alma de ruiseñor.




Amalia N. Sánchez Valle