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viernes, 13 de noviembre de 2015

Orillas (poema)




Los sueños del amor
se mecen en tus besos;
en los susurros,
que traen tu voz cálida
y me encierran en tus ojos. 
Te hallas en mi universo, 
en el templo de mi mente, 
habitante de mi todo...
Envuelta en tus abrazos, 
o distante, 
esperando tu vuelta, 
desde un balcón, 
contemplo mi pasado
como un camino
que me llevó a ti.
Me llamas desde tu orilla 
sin necesidad de pronunciar palabra
y me encadenas a tus ojos; 
persigo tu pensamiento, 
atrapándolo en mis redes.
Tan lejos, tan cerca, 
soñando con los abrazos, 
con tu aliento en mi cuello
y las estrellas precipitándose 
desde el cielo.



Amalia N Sánchez

martes, 28 de junio de 2011

Escalas (poema)


Los silencios de la noche, 
el vacío de estrellas que estrangulan el cielo
con su ausencia; 
el agujero negro que es mi corazón 
engulle las imágenes de unos ojos
que parpadean al mirarme...
Dedos que acarician las teclas
ascendiendo, de puntillas, 
por una escala hasta el cielo,
hasta llegar a mi balcón 
y me asomo a recoger las flores
que crecen a mis pies. 
Las flores que se enredan en mi corazón
y me traen el sueño de tu mirada... 


Noemí Valle

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Caricias



Caricias que no vienen a ocupar mi piel de incógnito, invadiendo mi territorio; no hay manos que me recorran el cuello, y bajen por mi espalda. Todo lo que queda es un vacío que me duele en todo el cuerpo, y solo se oye el grito sordo de mi piel, que llora la soledad de quien se queda sin amor.

martes, 24 de junio de 2008

El collar de la paloma: Alí Ibn Hazm

He encontrado este tratado sobre el amor de un autor cordobés nacido en el año 994. Me llamó la atención porque tengo algunas raices cordobesas (aunque viéndome nadie lo diría) y me ha gustado tanto que he decidido traer algunos fragmentos. Espero, como siempre, que os gusten.



Cordoba


El insomnio es otro de los accidentes de los amantes. Los poetas han sido profusos en describirlo; suelen decir que son los "apacentadores de estrellas", y se lamentan de lo larga que es la noche. Acerca de este asunto yo he dicho, hablando de la guarda del secreto de amor y de cómo trasparece por ciertas señales:


Las nubes han tomado lecciones de mis ojos

y todo lo anegan en lluvia pertinaz,

que esta noche, por tu culpa, llora conmigo

y viene a distraerme en mi insomnio.

Si las tinieblas no hubieren de acabar

hasta que se cerraran mis párpados en el sueño,

no habría manera de llegar a ver el día,

y el desvelo aumentaría por instantes.

Los luceros, cuyo fulgor ocultan las nubes

a la mirada de los ojos humanos,

son como ese amor tuyo que encubro, delicia mía,

y que tampoco es visible más que en hipótesis.



Sobre el mismo asunto dije también en otro poema:


Pastor soy de estrellas, como si tuviera a mi cargo

apacentar todos los astros fijos y planetas.

Las estrellas en la noche son el símbolo

de los fuegos de amor encendidos en la tiniebla de mi mente.

Parece que soy el guarda de este jardín verde oscuro del firmamento,

cuyas altas yerbas están bordadas de narcisos.

Si Tolomeo viviera, reconocería que soy

el más docto de los hombres en espiar el curso de los astros.