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miércoles, 21 de abril de 2021

La sonrisa de la luna (prosa poética)

 


 



La luna me sonríe, en una noche sin nubes, mientras me lee el pensamiento y me escucha cantar, en voz queda. Mi sombra me acompaña, junto a las farolas, proyectándose en el muro del colegio, en los adoquines y en las escaleras, convertida en mi otro yo silente, que baila con la luz y me sigue, caprichosa, a donde quiera que voy, pegada a mis zapatos, con los mismos rizos, sintiéndose libre, a pesar de todo, pues la noche es su territorio. 

Mi sombra y la luna me siguen y saben lo que pienso; conocen mis sueños y mis desvelos, saben que no soy la misma, con las cicatrices de un año de pandemia. No me queda más que amargura por los sueños perdidos, e incertidumbre...

La brisa fría de la noche acaricia mi rostro, con manos invisibles; respiro hondo y continúo caminando, contemplando la sonrisa de la luna, en lo alto. Parece decirme "aquí estoy, para embrujarte, para hacerte soñar y que sigas buscando historias, personajes a los que dar vida, canciones que cantar en voz alta, o para susurrarlas..." 



Amalia N. Sánchez


sábado, 23 de enero de 2021

Burbuja del tiempo


Mientras camino, mis pasos resuenan sobre los adoquines cubiertos de los restos de nieve y hielo. Intento resolver mis dilemas, en un mundo gris que ha cambiado mi día a día, robándome los momentos que ya no han de volver... Recuerdo cómo era sentir el aire en el rostro, sin la mascarilla y reconocer las sonrisas. Intuía que esa sonrisa escondía un secreto, una noticia, tal vez la evocación de un beso; y cómo echo de menos contemplar las expresiones que ahora se esconden, donde ya solo queda la mirada para decirlo todo. 

Intento desentrañar el misterio de ese hombre que pasea a su perro, bajo la llovizna de una mañana de enero, mientras escucho, a lo lejos, el tráfico. Puede que esté pensando que, por mucho que cambie nuestro día a día, por la pandemia, él seguirá saliendo a caminar con su mejor amigo y esa será su constante, por mucho que pasen las estaciones. O puede que solo esté pensando en la lluvia que todavía no es tan espesa para abrir el paraguas, pero suficiente para sentirla acariciando su rostro. Me lo pregunto y no sé si está sonriendo, a pesar de lo desapacible de la mañana o su pensamiento le aleja de los edificios y de la nieve, que apenas se ha disuelto... 

Hace frío y todo está gris, pero yo sigo encontrando encanto en esas calles, que suelo recorrer con una cámara en la mano; busco atrapar un instante en una foto para jugar a adivinar qué piensa esa otra mujer que camina un poco más adelante o para recordar una experiencia ya vivida. Tal vez es eso lo que busco, a veces, cuando fotografío un paisaje, un edificio histórico... Revivir y conservar en una burbuja los sentimientos. Ahí estoy yo, pensando en cómo recomponer los sueños que se han quedado suspendidos en el tiempo, mientras dure la pandemia; me pregunto cómo nos sentiremos todos, cómo me sentiré yo, cómo será recobrar los abrazos. 

Mientras, la ciudad sigue ahí, con las pinceladas grises, a lo lejos, de edificios que esperan volver a llenarse, algún día. Hoy llueve, puede que mañana salga el sol y las ventanas brillen, como faros en medio del asfalto. Mi cámara captará una estatua, un edificio, un paseante que seguirá siendo un misterio para mí. Yo, con mi mente de escritora, le imaginaré una vida entera.  





Amalia N. Sánchez Valle

domingo, 8 de noviembre de 2020

Flor de nieve

















Si pudiera flotar hasta ese lugar al que pertenezco, confundirme con las nubes que cubren sus cumbres y convertirme en la lluvia que cae sobre los árboles, sobre los tejados de pizarra, sobre las piedras del suelo, me quedaría allí para siempre. Correría con el río, desde la cascada más alta y me colaría entre las rocas, regando los lirios azules, convirtiéndome en minúsculas gotas que flotan por el aire, hasta componer un arco iris con los rayos del sol. 

Si pudiera viajar hasta allí, me posaría sobre una flor de nieve y desde sus pétalos me quedaría a mirar el cielo, diminuta, subyugada por la bóveda celeste. Vería el baile de la Vía Láctea, escucharía el canto de los pájaros y a los grillos, y podría quedarme así, durante siglos, convertida en el rocío de la mañana y la brisa que juega con las ramas de los árboles...






Amalia N. Sánchez V

martes, 23 de julio de 2019

Canción de agua



Soy una mota de polvo en la inmensidad de las montañas; el sol es una bola de fuego mortecina en este día nublado, una tregua para mi piel. El rumor del agua me sigue durante todo el camino, como una melodía que trae la promesa de la vida, como a otros antes que a mí... Con su voz alegre y cristalina me canta y me anima a cerrar los ojos por un momento, a respirar hondo y a sentirme de nuevo como esa niña que introduce sus manos en el río y deja que el agua le salpique en la cara... 


Amalia N. Sánchez Valle