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martes, 9 de febrero de 2010

Highlands (5) Relato

Siento la tardanza en escribir la continuación, pero he estado muy liada y no he podido hasta ahora. Ahí va:

Unos pasos se aproximaron a la puerta y me acobardé; comencé a mirar a un lado y a otro, por si encontraba un lugar en el que esconderme, pero fue demasiado tarde. El quejido de la madera sobre los goznes me sobresaltó y me quedé sin respiración por un momento, en el que pude escuchar los latidos de mi corazón. Mi mente se quedó en blanco cuando me encontré ante una anciana de aspecto venerable y voz dulce. No serviría de nada inventarse una excusa barata para poder entrar en el castillo, como tal vez habría hecho alguien con más desparpajo que yo. De pronto, mis reflejos se habían paralizado completamente.

-Buenas tardes, ¿desea entrar, señorita?- dijo ella, mirándome como si mi presencia allí fuera esperada.
-Eh, yo... bueno, sí, si se puede...-mi voz sonó totalmente infantil, y me sentí estúpida. Ya me imaginaba lo que pensaría aquella anciana de mí, una curiosa que se queda atontada, y que no es capaz más que de balbucear.

La mujer me dio paso a un enorme vestíbulo apenas iluminado por la débil luz de dos quinqués, que titilaban proyectando sombras caprichosas en los recios muros de piedra. Se encontraban sobre un mueble de madera maciza, que hacía juego con un banco de aspecto incómodo, aunque bonito, con tallas en el respaldo. "Sígame", dijo la anciana. Llegamos a una biblioteca presidida por el retrato de un caballero, ataviado con el traje éscocés, que acariciaba la cabeza de su perro. La chimenea estaba encendida y sentí todo el calor en el rostro, cuando me acerqué a ella, mientras seguía a la mujer. Me fijé en los altos techos, cubiertos de madera y en las ventanas, de estilo gótico. Parecía un lugar perfecto para perderse en la lectura de los volúmenes que abarrotaban las librerías.

-No es usted de aquí, ¿verdad?-dijo ella, mientras se detenía delante de unas escaleras imponentes y que yo miré, embobada.
-No, estoy de viaje...
-Ah, excelente, ¿le gusta Escocia?
-Sí, mucho.

Mis rodillas seguían temblando, a pesar de la cordialidad con que me estaba tratando la anciana, y me parecía estar viviendo una situación muy extraña; allí estaba yo, en el interior de un castillo particular, como una intrusa, y la mujer parecía verlo como algo normal, como si estuviera acostumbrada a que personas impulsivas como yo se dedicaran a hacerles visitas.

-Sepa que este castillo se construyó en el siglo XVIII, y que no ha cambiado de dueños nunca, de lo que se enorgullece nuestra familia.
-Eso es estupendo, supongo que será difícil mantenerlo en tan buen estado...
-Bueno, es nuestro patrimonio, debemos mantener lo que nuestros antepasados nos legaron, generación tras generación.

Me fijé en la anciana, de actitud amable y aspecto noble. Se parecía mucho a una joven que estaba retratada en uno de los cuadros que había en uno de los muros. "Probablemente sea ella", pensé. En ese momento debió de leerme el pensamiento, porque se colocó junto a la pintura y su rostro se iluminó con una sonrisa. "Esta era yo, antes de casarme, hace tantos años..." Yo sonreí también y me fijé en el resto de los retratos.

-Déjeme que le enseñe el resto del castillo. No verá otro mejor conservado que este-dijo, señalándome la sala contigua.

Continuará...



jueves, 28 de enero de 2010

Highlands (4) Relato

Ya había dejado atrás el lago y mis pasos me iban acercando al castillo imponente que se alzaba ante mí. Su silueta oscura se apoderaba del resto del paisaje y una vocecilla dentro de mí me decía que tenía que entrar, y no conformarme con admirarlo desde fuera. Sí, ya que había llegado hasta la entrada principal, tenía que  llegar más lejos.

"¿Y qué voy a decirle a quien viva allí?", me dije a mí misma, vacilando por un momento, mientras atravesaba el patio de la entrada principal. "Van a pensar que estoy loca, y yo misma estoy empezando a dudar de mi cordura, en qué líos me meto..."

Había un parterre de cesped bien cuidado y junto a él, un coche aparcado; parecía un modelo antiguo de Rolls Royce, de color negro. Aunque nunca me había sentido atraída por el mundo del motor, tuve que reconocer que aquel vehículo era imponente. No cabía esperar otra cosa en un lugar como aquel.

En mi cabeza se cocinaban toda clase de ideas sobre qué decir o qué hacer, y cuando me quise dar cuenta, mi mano estaba agitando con fuerza la aldaba de la puerta. Aguanté la respiración por un momento, y escuché pasos al otro lado de la gruesa madera.


Continuará...

lunes, 25 de enero de 2010

Highlands (3) Relato




A medida que iba caminando hacia el castillo, más curiosidad sentía por lo que podía encontrar allí. A mi mente acudieron las leyendas y las historias que había leído desde niña, repletas de seres sobrenaturales que caminaban entre las ruinas de castillos y abadías. Un lugar perfecto para mí. Nunca me dio miedo lo invisible, sino las amenazas cotidianas, las incertidumbres que asedian a cualquiera hoy en día y que me robaban el sueño en aquella época. Para mí, llegar a descubrir si era capaz de ser feliz era más aterrador que encontrarme con un fantasma que recorriera los pasillos de un castillo olvidado. Eso, la paz interior es más difícil de lograr que cualquier cosa...

Dejé atrás las flores amarillas que crecían en la orilla y llegué a un sendero que se alejaba del lago; cada vez la silueta de aspecto imponente de aquellos muros se hacía más grande y parecía que se me iba a venir encima. Caminé más deprisa, deseosa de llegar a la puerta principal. Necesitaba entrar y contemplar de dónde provenía la luz que bailaba de una ventana a otra sin cesar, como si de una libélula se tratara.

Continuará...


jueves, 21 de enero de 2010

Highlands (2) Relato

Scotland Pictures, Images and Photos

Decidí buscar la forma de llegar a la otra orilla del lago, y entrar en el castillo. Su silueta se recortaba contra el cielo crepuscular, lleno de nubes que amenazaban tormenta. Caminé junto a la orilla del lago, buscando con la mirada un sendero que me llevase sin complicaciones, bordeando las aguas de color plomizo.  El amarillo de las flores que se atrevían a crecer en aquel paraje se iba apagando, a medida que el sol desaparecía tras las montañas.

Sabía que podía haberme metido de nuevo en el coche, y desaparecer de un lugar tan solitario, pero el castillo seguía llamándome, desde la otra orilla, y esa débil luz que seguía revoloteando de una ventana a otra. Era uno de esos impulsos que a veces no podía evitar cuando me sentía con la necesidad de huir de la vida cotidiana. Sabía que aquello era extraño, pero había salido de mi burbuja por un momento para fijarme en esos muros que se alzaban contra el desafío del tiempo. Un solitario gigante en medio las montañas, reflejándose en las aguas frías del lago.

Continuará...