
Dejo mi ventana abierta,
por si la brisa quiere entrar
y enredarse con mi pelo
en sus dedos invisibles
mientras los minutos y las horas
pasan silenciosamente de largo;
una melodía suena en mi cabeza,
nueva, mía, completamente mía...
inédita, secreta,
y yo me sonrío,
y vuelo tras las notas.
Y vuelvo a sonreir,
porque se me ha encendido la luz
una vez más;
vuelvo a ver a las hadas,
danzando en un bosque,
rodeadas de gotas de rocío
y escucho el rumor del riachuelo
en el que una ninfa se mira...
mi melodía ha cambiado un poco,
pero sigue siendo mía,
como siempre.